Desconectados

No se enlazan tus cables con los míos;

es error de cálculo, intuimos.

Pero el técnico y el yogui

han llegado a una conclusión:

la energía no fluye.

Resignados, nos vamos a dormir,

tranquilos, abrazados.

Ya no saldrán chispas.

 

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Retonto, reGustavo, reCerati

“Te prefiero fuera de foco, inalcanzable,

Te prefiero irreversible, casi intocable

….

Sé que te excita pensar hasta dónde llegaré”

(Persiana americana, Gustavo Cerati)

Un hombre que habla así del deseo, de la excitante espera como una “condena agradable”‘, que se confiesa vouyerista, amante tierno y salvaje a la vez, debía estar pasándola mal después de 4 años y 3 meses sin pan, sin vino, sin coca, sin conocer mujer y sin viagra.

Cuando la novelista y poeta mexicana Rosario Castellanos murió electrocutada con una lámpara al salir del baño en la embajada de México en Israel, sus amigos no lo podían creer. Era una intelectual que parecía estar en el umbral de las mejores obras de su vida. Su camino terminó ahí.

Entre el dolor y la tristeza, el poeta Jaime Sabines le escribió un poema, Recado a Rosario Castellanos, lo llamó, ahí le reprocha esa muerte absurda. Le dijo a su modo: “Retonta, rechayito, remadre de tu hijo y de ti .”

En la prensa del corazón se dijo que lo de Cerati aquella noche aciaga de mayo de 2010, el desmayo y el accidente vascular cerebral, le vino después de días y noches de excesos (todo exceso es mucho, dicen) en los que hubo más que música y alcohol; hubo animosas dosis de cocaína y Viagra.

A sus 50 años, Cerati estaba en medio de presentaciones casi a diario de la frenética gira Fuerza Natural. Portaba una joven y delirantemente bella novia, como le gustaban, la modelo argentina Chloé Bello, 20 años más joven, ante quien él se exigía ser un fragoroso amante o al menos, cumplidor.

Y es entonces cuando le digo: Retonto, reGustavo, reCerati. Tenías lo más importante, tenías la magia en las manos para hacer vibrar la guitarra, la mirada educada para capturar la belleza, las flores que salían de tu boca convertidas en versos. Tenías un corazón suficiente, pero lo hiciste batir a la velocidad de la luz y lo llevaste a lo inevitable, se incendió y tu cerebro estalló, no murió, pero quedó en pausa.

En estos cuatro años respirabas, león, enfant terrible. Apretabas la mano de tu madre en señal de emoción y de vida. Quizás hiciste unas muecas que alentaban las esperanzas de los que te queremos.

Pero tal vez tienen razón quienes dicen que ese tiempo de sobrevida ya no era vida para ti.

Siendo tú todo pasión, erotismo, sensualidad, habías pasado tiempo suficiente sin pan, sin vino, sin hacer música, sin coca, sin conocer mujer, sin la “condena agradable” de contemplarla y llevarla a la cornisa a punto de caer.

Retonto, reGustavo, reCerati. Inalcanzable, irreversible. Ahora estás a un millón de años luz de casa.

Libertad América

(Gustavo Cerati. Foto tomada de es.wikia.musica.com)

Solo bailo para ti

Apenas me acerco a saborear tus labios,
se abren paso tus manos entre mis pechos francos,
burlo la aduana de tu boca con mi lengua
y no opones resistencia.
Ya no hay tuyo y mío, somos uno, aunque no quieras.

Cancelo mi voluntad y te la entrego,
no soy dueña ni del vaivén de mis caderas
no respondo a una sola idea, no pienso; sólo juego.
Recibo tus caprichos como órdenes supremas,
no cuestiono, solo bailo para ti.

Todo fluye, eso creo, eso quiero que tú creas,
que no abras los ojos mientras te apoderas de mí,
que no se acabe el encanto de este diálogo sin voces,
el único posible entre nosotros desde siempre.

Lo había negado hasta ahora, pero lo debo confirmar:
Sólo contigo soy esta balsa sin timón,
este mar bravío y tierno,
esta explosión de luz y amor.

Vivo en ti, mueres en mí y soy feliz por ese instante.
Todo lo demás lo ahogo en llanto, todo:
Tu deseo fugitivo, la distancia real y tu cercanía aparente;
mi dolor por esa mirada que no me pertenece
y reposa sobre una piel que no es la mía.

Libertad América

Espejo del deseo

Cuando veo mi rostro

reflejado en el espejo

deseo que mis ojos se encuentren

con los tuyos de aquel lado.

Deseo tu mirada

sobre mis pechos desnudos,

inventando caricias insolentes

que recuerdan una gracia ignorada

y los hacen temblar de emoción.

Lo sé desde siempre:

al otro lado del espejo estás tú

esperando que regrese

a arreglarme las pestañas

y a saborear mis labios para ti.

Quiero, con ese gesto, hacer que

trasciendas tu sino fantasmal

y me arrebates un beso de repente.

Quiero provocar tu presencia sobre mí:

no a mi lado, no enfrente, sino encima,

como en esa primera piel adolorida.

Ya no miro mi rostro en el espejo,

solo veo tu deseo reflejado.

Me miro con tus ojos claros

que no dejan de gritar que soy hermosa,

soy de plata entallada y de mercurio,

ensueño azul desdibujado

y merezco el amor que me profesas.

Libertad América

Río revuelto

El río revuelto se volverá flama
y arderá a la deriva,
el deseo combustible acabará
en incendio inútil
si no encuentra el pebetero ancestral
que desde siempre lo espera.
De nada servirá preservar el miedo
a una pasión conocida y misteriosa,
refrescante, sí, pero devastadora.
¿Quieres saberlo?
No habrá retorno, no habrá paz en el alma;
así, hasta el fin de los tiempos.

Llegados hasta aquí ya no somos
dueños de nuestra voluntad.
Estamos entregados a otras fuerzas.
No voy a salvarme ni a salvarte,
no quiero paz, de poco me ha servido.
Quiero ser la ceniza de tu suelo fértil,
quiero que mueras conmigo y
renazcas mañana en mala hierba.
No hay otro destino. No rehuyas,
requédate aquí adentro
por todo este instante, conmigo.

Libertad América

Soy la piedrita en el zapato que te molesta al caminar. Soy palabra, soy dolor y vida.